Me levanto a los seis de la mañana. La decrépita habitación del piso
10 del YMCA en la 135 y Lennox Avenue hierve de calor. Ha visto
tiempos mejores. También Harlem, que pasó por su Renacimiento y Edad Tenebrosa hasta llegar al actual eclecticismo filotécnico en que se está convirtiendo el mundo. Se nota que hay un negro en la Casa Blanca y que el blanco "más negro" de Estados Unidos ha abierto sus oficinas en el corazón de este histórico barrio étnico. Me refiero a Obama y a Bill Clinton respectivamente, claro. Harlem ha perdido un cierto colorido, pero lo ha hecho como lo pueden haber perdido, o transmutado, Brooklyn o cualquier Casco Viejo de la vieja Europa. Lo que no ha perdido es el trajín y algarabía de Nueva York, aunque incluso aquí hay un punto más de tranquilidad que en el corazón de Manhattan; más pausa, más espacio. Más sonrisa.
Me levanto a las seis y hace mucho calor aunque afuera nieva. Bajo a echar unas canastas al gimnasio y me encuentro con un adolescente, una prepúber y un "coach" ex-NBA dirigiendo su entrenamiento diario preescolar. Futuras estrellas o no. Por lo menos aprovechan el tiempo y hacen deporte, aunque la hora sea herética para cualquiera ajeno a la mentalidad usamericana. Paso a su lado y siento la vibración de los balones al botar contra el parqué. Llego a la otra canasta, con el aro pelín doblado. Me siento bien. Cojo el balón, me lo cruzo bajo las piernas, me elevo y lanzo. Adentro. ¿El cielo? Aquí, en el YMCA de Harlem.
martes, 5 de febrero de 2013
sábado, 5 de enero de 2013
CUENTITO DE REYES
"Buenas noches, abuela, que duermas bien". La puerta se cerró suavemente y Elisa tiró del edredón para taparse bien. Sus deditos sobresalían por encima como si se agarrara a una barandilla desde la que vislumbrar un campo, por ejemplo. Pero ella miró al techo en penumbra. Empezó a contar los pasos de su abuela en el pasillo: uno...dos...tres...cuatro... así hasta ocho. Luego oyó la cisterna del baño, la puerta de su habitación y el silencio. Llegado este momento, todas las noches apagaba la lamparilla, se giraba a su derecha y cerraba los ojos. Pero esta noche no. Esta noche Elisa miraba las grietas del techo con los ojos bien, bien abiertos. En pocos minutos le empezaron a llegar los ronquidos de la abuela desde el otro lado de la pared. Primero un ronroneo y poco a poco unos resoplidos como de dragón asmático. No le importó. Estaba acostumbrada. Quería a su abuela. La mejor abuela del mundo, les decía a sus amiguitas cuando venían a pasar la noche a su casa y se quedaban espantadas con los alaridos que llegaban de la otra habitación.
Además, Elisa siempre se quedaba roque en un santiamén, pero hoy no. Hoy sus grandes pestañas no se caían; sus ojos no podían cerrarse. En el techo no había ningún bicho ni ninguna telaraña desde que el señor Luján las limpiara hace dos semanas, coincidiendo con que había comprado una nueva escoba de madera china que quería probar. La razón de su insomnio era otra, mucho más importante. La Yenifer le había dicho que los Reyes no existen, que son, en realidad, los padres. Era la noche del 5 al 6 de Enero y el estómago le bullía. No le había dicho nada a la abuela. ¿Qué le iba a contar? Nada. Estas cosas son cosas de niños y es mejor que se queden así; los mayores no entienden nada de esto.
Todo el mundo en la escuela sabía que la Yenifer hablaba demasiado y contaba unas trolas impresionantes, pero ésta era excesiva. Con estas cosas no se juega, pensaba Elisa. Una cosa es inventarse de dónde vienen los bebés o las razones por las que a los chicos les gusta hacer concursos de a ver quién mea más lejos. Otra muy distinta jugar con los Reyes. ¡Los Reyes! Elisa no la creyó, pero como suele suceder con las cosas que se dicen de más, casi siempre dejan un poso raro en el corazón de quienes las escuchan. Por eso ahora Elisa estaba intranquila. La carta que les había escrito a los Reyes estaba clara; la dirección también. Además se había asegurado de que el paje la metía en el saco y no la dejaba tirada por ahí, como el año pasado con la carta de Juanete, el vecino de arriba, que se debió perder porque no le trajeron nada. Todo estaba controlado; hasta esa misma mañana, Elisa había soñado con el juego de química y las gordas manoplas de lana, violetas y amarillas, que había visto en la juguetería/mercería de la señorita Sastiberrikoetxea. No podía ser. La Yenifer se lo había inventado, seguro. Pero...¿y si era verdad? Imposible. Si los había visto en la Cabalgata... Estaban los tres allí, montados en sus mulas, y todos los padres y madres estaban también en la calle, viéndola pasar. Bueno, todos no. Sus padres no.
El reloj de cuco sonaba en el pasillo. Dieron las 12. ¿Y si son de verdad los padres? Lo pensó y sintió mariposas en el estómago. Le inquietaba esta posibilidad, pero con la Yenifer nunca se sabía. Contaba trolas gordas pero alguna vez que se rieron de ella luego resultó ser verdad lo que había dicho. Elisa sonrió. Ojalá esta vez también tenga razón, pensó. Movió el dedo índice derecho y se limpió el moquillo; ¡qué frío hacía en aquella casa! El edredón era cálido pero la cara se congelaba. Algunas veces se cubría completamente o se escurría hacia los pies de la cama y luego soñaba que estaba en la barriga de su mamá, como imaginaba que debía haber estado antes de nacer.
Notó que los párpados se le caían. Ahora sí, apagó la luz y se giró sobre sí misma, hacia la derecha, y cerró los ojos. Lo tenía decidido: por la mañana se levantaría muy, muy temprano. Si los Reyes eran, en realidad, los padres, quería pillarles en el momento de dejar los regalos. Quería hablar con ellos y preguntarles por qué se habían ido y la había dejado sola. Y que si podían venir a dejar los regalos también podían quedarse a desayunar con ella y la abuela. Y que podían darle un abrazo y muchos besos. Y ella podría decirles que les echaba mucho de menos y que a veces lloraba por las noches pensando en ellos. Y que si ellos eran los Reyes, no le importaba nada que en vez de dejarle lo que ella pedía le dejaran una blusa hecho a mano y unas medias remendadas, como todos los años... Mira que si la Yenifer tiene razón y los Reyes son los padres...¡Eso sí que sería un regalo!...pensó. Y se durmió en paz. Las mariposas habían volado.
domingo, 23 de diciembre de 2012
LA SEGUNDA DE MAHLER
Esta es la cara que se te queda después de escuchar la Segunda
Sinfonía de Mahler en directo en la Musikverein de Vienna. Un
concierto absolutamente espectacular, maravilloso.
El que no soy yo es mi amigo Gottfried.
Sinfonía de Mahler en directo en la Musikverein de Vienna. Un
concierto absolutamente espectacular, maravilloso.
El que no soy yo es mi amigo Gottfried.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Desde Viena, con calor
Calor, lo que se dice calor no hace por estos pagos. Salvo el que uno
puede llevar apelotonado en los bolsillos del chaquetón o, si nos
ponemos poéticos, entre pecho y espalda. (Una poesía un poco pedestre,
lo admito, pero en la cuna del psicoanálisis me da un poco de yuyu
interiorizar demasiado las reflexiones. Tomemos tierra, carne, hueso,
tendón o cartílago.
Y al hilo de este apéndice anatómico, recordar que Viena es también
tierra de Gustav Klimts y Egon Schieles, entre otros pintureros
maravillosos cuyos trabajos son puros tratados de anatomía, de
entender el cuerpo y malearlo (de maleable, no de malo) a base de unos
trazos y líneas profundamente psicológicas: ¡así que toma paradox!
Hermosa ciudad, Viena. Sería casi perfecta si la gente dejara de fumar
en las cafeterías. Es una lacra que aquí se mantiene pujante. En esto
los vascos —al menos los del Goierri—nos parecemos un poco a ellos: en
muchos bares de Zurretxu y Beasain se sigue permitiendo fumar, para
mayor gloria de las tabaqueras, futuros médicos especialistas del
pulmón y oncológicos varios. Ya se sabe: nada es perfecto. (Lo digo
por Viena; por lo nuestro...hay alguna cosilla más que tampoco anda
bien aparte de lo del fumar).
Pero volvamos a Viena. ¿Alguien por ahí sabe algo de Austria? Apuesto
a que no. Un país tranquilo, próspero, relativamente civil (aquí no
hay tornos de entrada al metro ni hay que pasar por caja al subir al
urbano; se asume que ya has comprado el billete (en esto también nos
parecemos a ellos), y con una tasa de paro alrededor del 5%, casi na.
Ah, Hitler era austriaco (hasta a la mejor familia le sale un borrón y
tal, como diría algún apolo-geta del gobierno hispano de turno al que
le toque escaquearse en un momento dado). Pero estosotrahistoria.
Viena mola.
puede llevar apelotonado en los bolsillos del chaquetón o, si nos
ponemos poéticos, entre pecho y espalda. (Una poesía un poco pedestre,
lo admito, pero en la cuna del psicoanálisis me da un poco de yuyu
interiorizar demasiado las reflexiones. Tomemos tierra, carne, hueso,
tendón o cartílago.
Y al hilo de este apéndice anatómico, recordar que Viena es también
tierra de Gustav Klimts y Egon Schieles, entre otros pintureros
maravillosos cuyos trabajos son puros tratados de anatomía, de
entender el cuerpo y malearlo (de maleable, no de malo) a base de unos
trazos y líneas profundamente psicológicas: ¡así que toma paradox!
Hermosa ciudad, Viena. Sería casi perfecta si la gente dejara de fumar
en las cafeterías. Es una lacra que aquí se mantiene pujante. En esto
los vascos —al menos los del Goierri—nos parecemos un poco a ellos: en
muchos bares de Zurretxu y Beasain se sigue permitiendo fumar, para
mayor gloria de las tabaqueras, futuros médicos especialistas del
pulmón y oncológicos varios. Ya se sabe: nada es perfecto. (Lo digo
por Viena; por lo nuestro...hay alguna cosilla más que tampoco anda
bien aparte de lo del fumar).
Pero volvamos a Viena. ¿Alguien por ahí sabe algo de Austria? Apuesto
a que no. Un país tranquilo, próspero, relativamente civil (aquí no
hay tornos de entrada al metro ni hay que pasar por caja al subir al
urbano; se asume que ya has comprado el billete (en esto también nos
parecemos a ellos), y con una tasa de paro alrededor del 5%, casi na.
Ah, Hitler era austriaco (hasta a la mejor familia le sale un borrón y
tal, como diría algún apolo-geta del gobierno hispano de turno al que
le toque escaquearse en un momento dado). Pero estosotrahistoria.
Viena mola.
domingo, 30 de septiembre de 2012
¿Dónde se fue Joan?
Buena pregunta. La última vez que la vi movía el trasero enfundado livianamente en un falda estampada con un poco de vuelo, pero no mucho, de esas que tanto evocan a poetas como yo. No la seguí, sino que volví a acabar mis huevos rancheros con tabasquillo. Ya se sabe que en sábado y en Brooklyn un buen brunch de huevos rancheros es una opción dandy. Ahora bien, lo que más me gusta del establecimiento de Ozzie es el café helado, pero hielo-helado, no frío-helado; café que te lo tienes que masticar, no beber. Delicioso. Y encima me coloca, así que fíjate tu qué barato y sano me sale el coloconcillo de cafeína.
Pero no sigo por aquí porque esto es un paréntesis, y los paréntesis rebotan. Joan. Qué hermosa, Joan. Qué sexy. Qué cosa. Yo no la vi luego de girar la esquina, pero intuyo que entró en la tienda de Victoria Secret que hay en la 7a Avenida. Se la veía con clase, a Joan. Además iba de compras porque llevaba una bolsita reluciente de zapatos de Begoshian, la zapatería armenia para ropa de bodas que hay en la 6a Avenida. Y viendo el terso y desujetado escote que lucía Joan y el sutil viaje a la rebelde braguilla que hizo su mano al levantarse de su mesa, a uno le cuadran estas cosas. Uno no es mujer, pero intuición no le falta, gracias a Dios; vivir una docena de años pasados entre Brooklyn y Queens con un stage en la formidablemente vulgar Long Island da para mucho. Y si encima somos observadores, pues ya ves, coctelazo intuitivo.
Cuando camino por el barrio busco con la mirada a Joan. Oteo las calles en busca de faldas estampadas y nucas frescas como la de Joan (¿no dije nada de la nuca? Me encantan las nucas, limpias, sensuales). Pues Joan también tenía una nuca hermosa, diáfana bajo el divertido corte de su corto pelo negro. Pero todavía no la he visto; o la he visto y no la he reconocido, porque estamos en otoño y la gente nos transformamos. Quién sabe si ahora lleva gabardina y pantalones; o se ha dejado crecer el pelo y la nuca se ocultó. Es probable, pero mis paseos son bastante divertidos. No es que sean "la pera" porque hay cosas mejores que ir por la vida buscando sin ton quimeras de carne y hueso con zapatos de boda de Begoshian y posible sujetador y bragas de Victoria Secret, cierto (aunque ahora que lo pienso....). En fin, tiene su punto. Quizás un día la vea y la reconozca. Y si voy con mi hijo no le diré nada, porque esas cosas no se dicen a los hijos; se guardan, como un pequeño tesoro, una pequeña perla. Porque en la vida hay que tener estas cosas, estos secretillos banales, estos misterios autoalimentados para aderezar y dar una cierta combustión a esas tardes esteparias que asolan en la mediana edad. Claro, que más combustión daría toparme con Joan y acariciarle la nuca con mis dedos. Esto son palabras mayores, porque la familia ata mucho, pero quién sabe. Estoy leyendo un libro de autoafirmación y dice que hay que mantenerse abierto a lo que ofrezca la vida. Así que si un día, por esos avatares inescrutables de la vida (el libro dixit), me topo con Joan y ésta acaba confesándome que le pica la nuca y me pide que se la arrasque con cariño, pues habrá que hacerlo. Que no está el asunto como para hacerse el remolón; cuando las quimeras llaman Ulises acude. Son otros tiempos, Homero.
martes, 18 de septiembre de 2012
Gernika bajo las bombas
La película. Se estrena el martes 25 en el Victoria Eugenia de
Donostia, dentro del Festival de Cine. En ella ejerzo de editor del
Times de Londres, cuando llega la noticia del bombardeo y deciden cómo tratar el acontecimiento. Pequeño pero interesante papel. Otro día hablaré sobre el doblaje y las soluciones técnicas del cine y la
televisión, algunas de ellas, bastante poco técnicas, por cierto.
Y ya que estoy en ello y he cogido carrerilla, hablaré de "Solo ante
el peligro"." High Noon", le dicen en inglés. Algo así como "A las 12
en punto", o "La hora del Ángelus", o "Campanadas a mediodía", o "Te
espera una ensalada de balas y tu mujer se larga en la diligencia de
las 12 en point, mira tú por dónde".
Sin embargo, curiosamente, en el caso de "High Noon", la traducción
del título me parece ejemplar. En lo literal, pero sobre todo en lo
conceptual. Porque el pobre Gary Cooper o GC está más sólo que la Una.
En realidad, la película tiene bastante más tomate de lo que parece
(la ex-amante, la esposa recién casada (Grace Kelly o GK)que huye,
pero no es porque no quiera morir con su marido cual típica pareja
practicante de ritos propios de la península india, no; es que es
quáquera, o sea, su religión aborrece las armas y la violencia. Por
otro lado, GC también aborrece la violencia, claro, pero en un último
servicio de dignidad, decide recuperar la estrella que ha dejado para
defender la justicia, aún a riesgo de morir. Interesante esquema de
valores, con frecuencia visto en el cine, y en la vida: el hombre, el
honor aún a costa de su muerte; la mujer la vida, aún a costa del supuesto honor. ¿Idelidad vs. Realidad? ¿Abstracción vs. Concreción? ¿Pájaro en mano vs. Ciento volando?
Es un tema a desarrollar.
Y volviendo al inicio, pues nada. Os invito a ver "Gernika bajo las
bombas" en el Victoria Eugenia o cuando la estrenen en la televisión,
que lo harán. No tengo ni idea de cuál ni cómo será el producto final,
pero espero que tenga honor. Y mucha vida.
Donostia, dentro del Festival de Cine. En ella ejerzo de editor del
Times de Londres, cuando llega la noticia del bombardeo y deciden cómo tratar el acontecimiento. Pequeño pero interesante papel. Otro día hablaré sobre el doblaje y las soluciones técnicas del cine y la
televisión, algunas de ellas, bastante poco técnicas, por cierto.
Y ya que estoy en ello y he cogido carrerilla, hablaré de "Solo ante
el peligro"." High Noon", le dicen en inglés. Algo así como "A las 12
en punto", o "La hora del Ángelus", o "Campanadas a mediodía", o "Te
espera una ensalada de balas y tu mujer se larga en la diligencia de
las 12 en point, mira tú por dónde".
Sin embargo, curiosamente, en el caso de "High Noon", la traducción
del título me parece ejemplar. En lo literal, pero sobre todo en lo
conceptual. Porque el pobre Gary Cooper o GC está más sólo que la Una.
En realidad, la película tiene bastante más tomate de lo que parece
(la ex-amante, la esposa recién casada (Grace Kelly o GK)que huye,
pero no es porque no quiera morir con su marido cual típica pareja
practicante de ritos propios de la península india, no; es que es
quáquera, o sea, su religión aborrece las armas y la violencia. Por
otro lado, GC también aborrece la violencia, claro, pero en un último
servicio de dignidad, decide recuperar la estrella que ha dejado para
defender la justicia, aún a riesgo de morir. Interesante esquema de
valores, con frecuencia visto en el cine, y en la vida: el hombre, el
honor aún a costa de su muerte; la mujer la vida, aún a costa del supuesto honor. ¿Idelidad vs. Realidad? ¿Abstracción vs. Concreción? ¿Pájaro en mano vs. Ciento volando?
Es un tema a desarrollar.
Y volviendo al inicio, pues nada. Os invito a ver "Gernika bajo las
bombas" en el Victoria Eugenia o cuando la estrenen en la televisión,
que lo harán. No tengo ni idea de cuál ni cómo será el producto final,
pero espero que tenga honor. Y mucha vida.
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