miércoles, 23 de octubre de 2013

FELIZ

He disfrutado durante mi última estancia en Euskadi, que acabó ayer con mi último retorno a LA. He disfrutado de la rutina de comer en casa con mis padres, todos los días a las 2 en punto; de trabajar regularmente en mi pequeño cuarto de estudiante; de salir a tomar un pote con los amigos; de hacer footing por las mañanas; desayunar con mi periódico; hacer el crucigrama en Santa Barbara dentro del silencio del coche; conducir los domingos hasta el polideportivo para jugar el tradicional partido de basket; salir a Oliden o Mandubia con mis padres... Esto me hace feliz. Como el sonido de Radio Clásica a las 9 de la mañana de un domingo mientras giro por la rotonda de Eizaga enfilando la carretera de Azkoitia y veo al fondo el maravilloso macizo Txindoki y el valle del Goierri envueltos en una luz joven y entrecortada por las hermosas nubes otoñales. Eso me hace feliz, como pasear en coche por los carreteras secundarias y terciarias de Araba soñando con pasados medievales y rebosando emoción ante los magníficos campos, macizos y bosques que se me abren ante mí de forma sorprendente, pues siempre descubro parajes nuevos que me tocan el alma, quizás no porque antes no los viera, sino porque no los sintiera.

Puede parecer un juego de palabras, pero no lo es, ya que muchas veces miramos cosas que no vemos porque no estamos abiertos a sentirlas, por eso transcurren ante nuestros ojos sin dejar huella, marca alguna. Pero un día, por suerte o por destino, que no es lo mismo, resulta que aquello que siempre estuvo ahí, aparece ante nuestros ojos, y lo hace cuando estamos preparados para verlo, cuando nuestro corazón, nuestra alma, está preparada. Creo que nos pasa a todos. Y quizás un poco de eso me ha pasado este viaje, que he visto cosas que a lo mejor siempre estuvieron ahí delante, pero no las veía, no las sentía. Llego a Los Angeles con el depósito lleno de belleza vista y sentida.

jueves, 25 de julio de 2013

AFTER RUNNING

Que no es lo mismo que AFTER HOURS. Acabo de llegar de hacer un poco de fúting por estas calles del Lago de la Plata, Código Postal 90027. Ayer regresé de Seattle, donde he estado unos días por placer y negocios. El placer no tuvo que ver con nada sexual, lamentablemente, pero me lo pasé bien. Experimenté un partido de los Sounders, pateé la ciudad como un camello (despacio, bamboleándome para compensar por el dolor de rodilla, y perseverantemente), me manejé en ferry hasta Beimbridge y hasta me invitaron a un velero a tomar un vino, simpático que es uno. Hermosa ciudad, Seattle, bastante antipódica a Los Angeles, una especie de dicotomía Nápoles-Milán, o Murcia-Gasteiz, por ejemplo. Vistas maravillosas, rías, bahías, fiordos, bosques y el contundente monte Rainier en el horizonte. También atendí algunas reuniones que me organicé para un proyecto que tengo en mente. En general, las reuniones fueron sólidas y cubrí el espectro de interlocutores: un par majos, serios y profesionales, otro majo pero un poco falsete y no especialmente profesional, otro nada majo y aparentemente profesional, no me defino todavía sobre si es de fiar o no, y el otro que no se presentó en la reunión ni se excusó de antemano, o sea, lo peor. Ya aprenderá.

Y aquí estamos ahora, viendo el horizonte rojo desde la ventana. Si cuando llegué a esta ciudad hace 6 año hubiese tenido este apartamento, otro gallo hubiese cantado. Lo tengo claro.

martes, 2 de julio de 2013

MOJAVE DESERT

Qué lindo es el desierto. El pasado fin de semana, o el anterior, celebré mi cumpleaños en mitad de Mohave o Mojave, achicharrándome de gusto, subiéndome por las piedras, caminando por cañones de roca basáltica y pisando tierra abrasada. Ni lagartijas había a la vista. Por la noche, escalé una montaña de arena a la luz de una luna brillante como miles de farolas y me senté en la espina dorsal de la gigantesca duna, que no se quejó. Hundí las manos en la arena líquida y la dejé correr entre mis dedos como polvo de oro. Alumbrado por la bola de plata hirviente que colgaba del cielo, me enamoré del valle y de las picudas montañas de lava vieja. En esas, apareció una brisa templada y me envolvió el silencio.

sábado, 15 de junio de 2013

JOSHUA TREE

Hasta que arribé a Los Angeles, Joshua Tree era para mi el título de un álbum de U2, la banda irlandesa de Bono and company. Llegué y me enteré de que Joshua Tree es un parque natural enclavado en el desierto del Mohave. Un área de más de 3.000 km2 cubierta de tierra, arbustos, plantas de yucca y...árboles Joshua. Quizás lo que más me gusta del parque son las hermosas formaciones rocosas, ideales para escalar, trepar, subir y bajar. Eso es lo que hicimos el pasado fin de semana; explorar antiguas minas de oro, patear senderos de tierra tierra y arena gruesa horadados a lo largo de lomas resecas por buscadores de riquezas pretéritos y montañeros contemporáneos para ser disfrutados por domingueros verdes como nosotros. (Remarco lo de verdes para distinguir de esa clase de dominguero que tira la botella de plástico o las colillas de tabaco al lado del camino). La sensación de caminar bajo el sol plano en aquellos caminos solitarios le devuelve a uno a épocas, siglos pasados, cuando los exploradores dejaban sus mundos, sus historias al otro lado de un océano, o de un continente en busca de algo que, probablemente, ni ellos sabían. Porque en eso consiste la exploración, en buscar algo sin saber qué; cruzar umbrales, abrir puertas, subir montañas, atravesar mares para saciar un sueño, un ardor, una curiosidad, un miedo, una necesidad, una fe... Subido en lo alto de las lomas áridas, oteando los valles y los montes volcánicos en la distancia, la imaginación nos hace solidarios con los corazones de aquellos hombres.

Joshua Tree y Pioneer Town, un vestigio del Wild West creado en los 1940, para saciar la fantasía de Hollywood. También estuvimos allí. Sólo me faltó un caballo y un Winchester para sentirme como James Stewart, o como Cooper, o Bogart, o Eastwood. El cielo azul arriba, la calle polvorienta, el fuerte viento del sur, los arbustos rodando...

Como canta Tex Ritter en "Solo ante el peligro": "...Don't forsake me oh my darling..."

viernes, 24 de mayo de 2013

DISPAROS

Entra la gente corriendo en la cafetería y se vacía el patio. Una mujer gruesa y su amigo en silla de ruedas, también obeso. Dicen que han escuchado disparos en la esquina. El dueño del local sale y llama a la Policía, LAPD, Los Angeles Police Department, To Serve and Protect. Luego nos enteramos que no ha habido víctimas; sólo dos pandilleros con mala puntería tratando de ajustar cuentas contra los ocupantes de una furgoneta. Uno piensa en muchas cosas cuando un evento de estos le cae cerca. Se acuerda de la bomba que estuvo a punto de tocar cuando unos atorrantes quisieron volar una oficina al lado de su escuela, hace ya muchos años. Se acuerda de otros actos de violencia absurda que pululan por la vida a la búsqueda de encuentros absurdos. Menos mal que tenemos a la Policía de Los Angeles, LAPD, sobrevolando en helicóptero el barrio en estos momentos, retumbando los cristales y perforando la noche con el foco de luz para iluminar, esperamos, a los malos.
¿Blade Runner en Los Angeles? Claro, ¿dónde si no?

lunes, 29 de abril de 2013

ATARDECE

En Los Angeles. Miro afuera de la ventana y me ciega la luz. Pero es un cegor amable; hiere sin querer, como el gato que araña levemente cuando desea que lo acaricien. El sol pronto se pondrá por Santa Monica, cerrando el ciclo diario. El jardín de la casa de mi amigo Joe rebosa naturaleza, vida. Primavera. Arbustos, cactus, flores de colores, setos, plantas, yerba verde y mis amigos abejorros. No hay mejor cuadro, mejor estampa. El azul del cielo palidece por el Oeste, blanqueado por el impacto directo de los rayos de luz. Miro entre las rendijas de la persiana de ikea y cierro los ojos. Son las 6:14 pm del 29 de abril de 2013. Jazz en la radio, la sombra de mis dedos al teclear reflejada sobre el blanco encalado de la cocina, la mosca eterna tratando de salir por el cristal (¡qué cruz!), el bloc de dibujo a mi lado, abierto y mirándome lánguidamente con una gran hoja en blanco, como el perro fiel espera que el amo lance la pelota para ir a recogerla; gafas, móviles, tiritas, bics y auriculares desparramados por la mesa.

Son las 6:23 pm y el sol está un poco más cerca de esconderse por el Pacífico. Yo no lo veré porque queda al otro lado de la llanura urbana de LA. Pero lo sé. A veces no hay que ver para creer.

Hermoso.

jueves, 14 de marzo de 2013

¿NACEMOS y MORIMOS SOLOS?


Dicen algunos que se nace para vivir solo. Algo que a veces yo también me pregunto. Otras veces pienso si no existirá un poco de mito con esto de la soledad. Que si nacemos solos y morimos solos y tal. En realidad, nadie lo sabe porque nacer es como morir, nadie se acuerda de su nacimiento y nadie puede comentar sobre su muerte. Lo que sí es cierto es que vivimos solos. Me cuenta un amigo ayer que, a pesar de sus dos hijos y su querida esposa, se siente solo cada mañana cuando va a trabajar. Que se enfrenta solo a la vida cuando sale de su casa. El hecho de que a la vuelta la encuentre llena de gente, perros, ruido, peleas de críos, televisores encendidos o una esposa ansiosa por descargarle cotilleos o sucesos no mengua su sensación de soledad vital. Le creo, pero creo que, sin saberlo, exagera un poco; quizás él nunca ha subido a la valla entre la cordura y la locura, entre la supervivencia y la adicción mortal. Si se hubiera aupado a esa valla, a esa cuerda, si hubiera viajado por el túnel vertiginoso y petrificante de la soledad más brutal creo que no diría eso. O igual sí, aunque él no comentó nada cuando lo mencioné. Y digo todo esto a modo de reflexión, si bien no aspiro a que el escrito rezume coherencia. Aunque, me importa poco, ya que escribo porque quiero y lo que quiero, cosa que, por cierto, me convendría extender a otras disciplinas de mi vida cotidiana.

De todos modos, comprendo que mi amigo piense eso sobre su vida y la soledad. Porque la soledad en cualquiera de sus formas es un ingrediente natural de nuestras vidas. Todo el mundo buscando hacer amigos, casarse, tener hijos, irse a Cancún, a Bali o a Nueva York, salir de fiesta o ir al puto fútbol para estar con gente. Dame un poco de Facebook y cómprame un MacBook que tengo frío, tronco. Mucho iPhone y redes sociales y todo dios más solo que la una. Tener amigos, friends, es moneda de cambio pero parece que de escaso curso legal porque hasta los padres de familia seminumerosa y feliz se sienten solos. ¿Qué estamos haciendo? Que me sienta solo yo, que ando volando en clase solitaire de país a país y tiro porque me toca, con relaciones fragmentadas, rotas o en permanente ciclo de regeneración (gracias a los amigos que aguantan) vale, pero que gente con relaciones socialmente estables se sienta sola cada día al salir al trabajo, al volver, al estar o al dormir me parece triste. Y gráfico. ¿Qué estamos creando? No es que yo me resigne a la soledad que acompaña mi vida como un catarro a medio curar, aunque a veces devenga en pulmonía; no, que va, en absoluto. Pero cuando lo que hay es lo que hay, es que es lo que hay. Que no quiere decir que es lo que vaya a haber, pero es lo que hay.                            

Ya dije arriba que la coherencia no era el objetivo aquí. Digamos que me estoy cascando una sesión de autobrainstorming emocional. Así, ¿será verdad lo de que nacemos, vivimos y morimos solos? Me respondo a mí mismo: no, no lo es. Y no lo es porque cuando nacemos nos pare nuestra madre y, si tenemos suerte de nacer en un país semicivilizado como puede ser en el que yo vi la luz, nos saca del útero una comadrona y nos abrazan los brazos de una abuela. No es que me acuerde de esto pero sé que no nací en una incubadora, así que algo de verdad habrá en esa historia. Y si tenemos la suerte de morir en un país semicivilizado o antes de que aquel en el que vivimos se convierta definitivamente en una puta mierda, moriremos con alguien que nos quiera o nos aprecie cerca, aunque esto sí que no lo asegura ni Dios; esa es la teoría porque luego quién sabe cómo le damos la patada al balde. Claro, quedan flecos por cerrar, como por ejemplo todo lo que pasa entre esos dos corchetes, o sea la vida. Ahí está el meollo de la cuestión, porque del nacimiento no nos acordamos, pero de las faenas que creemos que nos hicieron el año pasado o hace dos, o veintidós sí. Así somos. Unos seres elegantes, oiga. Que yo pienso que estamos a medio hacer. Puro proceso evolutivo. Nos creemos que se acabó, que el hombre ya ha llegado, que lo de Darwin se quedó en las Galápagos y tal, y que somos la reostia con tanto rascacielos, y puente colgante, y viaje a Marte, y vacuna contra el Sida, y bodegas de Gehry, y transplantes de cara, y jai tec a tutiplén. Pero no, somos de lo más imperfecto de la Creación. Y como somos tan imperfectos nos creemos perfectos y pensamos que todo está bajo control. Pero qué va. Vivimos sumergidos en la ilusión, el mito del control. Autoayúdate y genera pensamiento positivo. Puedes cambiar tu vida. Tú, sí. Tú y tus acciones. Ten fe en ti y tú contigo mismo podrás cambiar tu mundo. Vaya coñazo con la autoayuda. Un poco está bien, pero pretender que podemos controlar todo lo que nos pasa es de lunáticos. O sea, en toda la historia de la Humanidad todo quisqui se ha partido el espinazo por tratar de navegar de la mejor manera posible la vida, apechugando con lo apechugable, forjando lo forjable y aguantando lo (in)aguantable. Pero nosotros no. "¡Somos los mejores!". Yo me hago mi vida, me la como y me la guiso, así. Primero me la como y luego me la guiso, porque quiero. Como que cuando llueve no me mojo y tal. Porque no creo en la lluvia. Y cosas así. Pues no chavalada. Claro que nuestra vida la hacemos nosotros, pero muchas veces a pesar nuestro. La vida no siempre es el dócil caballo domado que nos lleva al galope, melena al viento y enfilando el amanecer. ¿Puede serlo? Sí. Pero también puede ser como ese gran danés cagón que es más fuerte que nosotros y nos arrastra por la calle en vez de ser nosotros quienes lo arrastremos. Es nuestro. Sí. Pero nos arrastra. Y encima hay que recoger sus cacas. Porque vivimos en un país semicivilizado (o sea que vale con recoger la mitad, ya se sabe). A lo que voy es que sí, la vida (el gran danés) es nuestra y donde estemos es porque allí estamos nosotros.

Dicho todo esto, acepto una parte de razón en los antivictimismos. O sea que sí, pesados autoayuderos, que cada uno hacemos nuestra vida, pero también es cierto que a veces nos arrastra. Supongo que siempre podemos darle puerta al gran perro, claro, y tratar de buscarnos otra metáfora de vida más agradable. Quizás ahí esté la principal decisión. Como lanzarse al río, oiga, aunque luego, si viene la crecida... 

Y en esas estamos. Peregrinando contra la soledad, por el amor, por la compañía, por la pertenencia...desde el centro del barullo. Porque a veces la vida tiene estos contrastes. Estamos solos y nos sentimos arropados sabiendo que alguien, lejos, piensa en nosotros, apuesta por nosotros. Y estamos en una cocina llena de gente supuestamente cercana y nos sentimos tan solos como en el más triste de los desiertos. Y así es. ¿Qué se puede hacer? ¿Y por qué hacer nada? Siempre haciendo, haciendo. ¿Y si no hiciéramos nada? ¿Si sólo fuéramos, sintiésemos? No lo sé, por eso pregunto.

Un fuerte abrazo a los solitarios. No estáis solos.