jueves, 5 de diciembre de 2013

GRACIAS MANDELA

Muere Mandela. Hace años leí su biografía "Long Walk to Freedom". Puedo decir que fue un libro que me tocó profundamente. Tanto que para mí es la única persona que tengo como "modelo" o como "ídolo". No soy mitómano ni he tenido la fortuna de tener –o de imaginarme– muchos ejemplos a seguir. Sólo Mandela despertó en mi esa clase de admiración. Ser torturado, despreciado, pasarse en la cárcel 27 años de su vida y salir de ella con la capacidad de perdón, con el amor que ese hombre salió me pareció –me parece– abrumador. Se puede luchar por una causa y pasar tiempo en prisión. Se puede salir cambiado. Pero hacerlo de la manera que lo hizo este hombre, capaz de sentarse, dialogar y perdonar a los responsables de un régimen tan despótico y de su sufrimiento, y de asumir las riendas del país por responsabilidad cuando casi seguro lo que él quería era estar tranquilo...casi no hay palabras. Dice el dicho que "sólo los buenos mueren jóvenes". Afortunadamente, en este caso no fue cierto. Seguro que su vida tendrá sombras, como la de todos, pero la luz que proyectó durante buena parte de su otoño e invierno es magnífica y deja huella. No es poco. Thank you, Mr. Mandela.

sábado, 30 de noviembre de 2013

LO MEJOR DE

Tener un blog privado es que uno se siente sin presión de quedar bien o de ser el más lacerante, agudo, inteligente y tal. Da la impresión de que mucha peña, cuando se poner a las redes sociales, se pone en la tesitura de dar lo mejor, aunque eso signifique ser muy cutre, for example. Es decir, que hay twiteradas o feisbukins cuyo mérito estriba en la vulgaridad, lo que presumiblemente hace feliz al posteador y a sus seguidores. Como este blog no lee nidios, aparte de algún despistado, pues me siento liberado para decir cualquier cosa que se me ocurra. Pero a lo que iba: que lo mejor de tener un blog así, privadillo, es que me anoto mis notas para el libro que algún día escribiré sin tener que manchar papel, cosa muy ecológica y, además, astuta porque tal y como tengo la cabeza, seguro que se olvidaría donde escribí esta o aquella entrada, mientras con el bloj me acerco a él y allí está todo. Además acampaño el testamen con fotos, que está muy bien porque me ayuda a recordar. En fin, pues eso, que muy bien lo del bloguerío éste.

Ah, y de paso, ayer fue el día de acción de gracias (Thanksgiving) y cené en casa de la familia de mi amigo Jesús. Muy bien la cena (ya hubiera pillado unas sobras hoy al mediodía, ya) y la conversación, cosas ambas a las que uno no está muy acostumbrado, muy a mi pesar. Como colofón vimos todos reunidos "Luces de la ciudad". Tres generaciones viendo la obra maestra: me reí muchísimo. Un genio Mr. Chaplin. Un verdadero genio. Chapeau. Bonito día.

domingo, 24 de noviembre de 2013

ASFLATO

Esto es una muestra del asfalto angelino. Pura brea gastada y meticulosamente empanada con caucho demolido. El paso del tiempo es fácilmente perceptible en las estrías y crevicios marcados a lo ancho, y sobre todo largo, del material pastificado. No en vano Los Angeles conjura el modelo moderno de ciudad transitada de un pasado cuasi-bucólico de tranvías eléctricos, carros de caballo y naranjas preñadas al estrafalo de ciudad cemental y asfaltada hasta el culo. Hete aquí por tanto que el asflato sea prueba, vestigio, elemento estandarizado y estandártico de una ciudad tan poco pacífica como oximorosamente pudiera derivarse de su católico nombre y del del océano que golpea contra su costa.

Nota para literatos compulsivos y quisquillosos de salón: A efectos de esta columna, los términos "asfalto" y "asflato" son perfectamente intercambiables. Cualquier otro error, puntilla u opinión crítica sobre este u otros textos del bloj o de todos mis blojs no acompañada de, al menos, tres comentarios loables, se la apunten y tiren bien de la cadena.

lunes, 4 de noviembre de 2013

VALLE DE LA MUERTE

Heme aquí. Espectacular sitio. Paisajes lunares. Horizontes azules. Lagos de sal y barro. Trenes varados. Carreteras infinitas. Silencio. Belleza.

miércoles, 23 de octubre de 2013

FELIZ

He disfrutado durante mi última estancia en Euskadi, que acabó ayer con mi último retorno a LA. He disfrutado de la rutina de comer en casa con mis padres, todos los días a las 2 en punto; de trabajar regularmente en mi pequeño cuarto de estudiante; de salir a tomar un pote con los amigos; de hacer footing por las mañanas; desayunar con mi periódico; hacer el crucigrama en Santa Barbara dentro del silencio del coche; conducir los domingos hasta el polideportivo para jugar el tradicional partido de basket; salir a Oliden o Mandubia con mis padres... Esto me hace feliz. Como el sonido de Radio Clásica a las 9 de la mañana de un domingo mientras giro por la rotonda de Eizaga enfilando la carretera de Azkoitia y veo al fondo el maravilloso macizo Txindoki y el valle del Goierri envueltos en una luz joven y entrecortada por las hermosas nubes otoñales. Eso me hace feliz, como pasear en coche por los carreteras secundarias y terciarias de Araba soñando con pasados medievales y rebosando emoción ante los magníficos campos, macizos y bosques que se me abren ante mí de forma sorprendente, pues siempre descubro parajes nuevos que me tocan el alma, quizás no porque antes no los viera, sino porque no los sintiera.

Puede parecer un juego de palabras, pero no lo es, ya que muchas veces miramos cosas que no vemos porque no estamos abiertos a sentirlas, por eso transcurren ante nuestros ojos sin dejar huella, marca alguna. Pero un día, por suerte o por destino, que no es lo mismo, resulta que aquello que siempre estuvo ahí, aparece ante nuestros ojos, y lo hace cuando estamos preparados para verlo, cuando nuestro corazón, nuestra alma, está preparada. Creo que nos pasa a todos. Y quizás un poco de eso me ha pasado este viaje, que he visto cosas que a lo mejor siempre estuvieron ahí delante, pero no las veía, no las sentía. Llego a Los Angeles con el depósito lleno de belleza vista y sentida.

jueves, 25 de julio de 2013

AFTER RUNNING

Que no es lo mismo que AFTER HOURS. Acabo de llegar de hacer un poco de fúting por estas calles del Lago de la Plata, Código Postal 90027. Ayer regresé de Seattle, donde he estado unos días por placer y negocios. El placer no tuvo que ver con nada sexual, lamentablemente, pero me lo pasé bien. Experimenté un partido de los Sounders, pateé la ciudad como un camello (despacio, bamboleándome para compensar por el dolor de rodilla, y perseverantemente), me manejé en ferry hasta Beimbridge y hasta me invitaron a un velero a tomar un vino, simpático que es uno. Hermosa ciudad, Seattle, bastante antipódica a Los Angeles, una especie de dicotomía Nápoles-Milán, o Murcia-Gasteiz, por ejemplo. Vistas maravillosas, rías, bahías, fiordos, bosques y el contundente monte Rainier en el horizonte. También atendí algunas reuniones que me organicé para un proyecto que tengo en mente. En general, las reuniones fueron sólidas y cubrí el espectro de interlocutores: un par majos, serios y profesionales, otro majo pero un poco falsete y no especialmente profesional, otro nada majo y aparentemente profesional, no me defino todavía sobre si es de fiar o no, y el otro que no se presentó en la reunión ni se excusó de antemano, o sea, lo peor. Ya aprenderá.

Y aquí estamos ahora, viendo el horizonte rojo desde la ventana. Si cuando llegué a esta ciudad hace 6 año hubiese tenido este apartamento, otro gallo hubiese cantado. Lo tengo claro.

martes, 2 de julio de 2013

MOJAVE DESERT

Qué lindo es el desierto. El pasado fin de semana, o el anterior, celebré mi cumpleaños en mitad de Mohave o Mojave, achicharrándome de gusto, subiéndome por las piedras, caminando por cañones de roca basáltica y pisando tierra abrasada. Ni lagartijas había a la vista. Por la noche, escalé una montaña de arena a la luz de una luna brillante como miles de farolas y me senté en la espina dorsal de la gigantesca duna, que no se quejó. Hundí las manos en la arena líquida y la dejé correr entre mis dedos como polvo de oro. Alumbrado por la bola de plata hirviente que colgaba del cielo, me enamoré del valle y de las picudas montañas de lava vieja. En esas, apareció una brisa templada y me envolvió el silencio.